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  MUNICIPIO DE LA LAGUNA    
 
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10. HISTORIA

Contexto de la �poca

Antes de abordar la historia de La Laguna es preciso contextualizar la �poca en la que se encontraba Canarias durante el siglo XV. A lo largo de varias d�cadas tanto se�ores particulares como la Corona Espa�ola emprendieron la conquista del archipi�lago.

As� pues, una vez finalizadas los enfrentamientos b�licos, los cuales duraron m�s o menos tiempo dependiendo de las islas, se estableci� la paz, de manera que los colonizadores llevaron a cabo la tarea de poner en marcha una nueva sociedad, seg�n los valores y las bases econ�micas de los conquistadores, que impon�an sus concepciones a los nuevos pobladores. As� pues, en general, los conquistadores o sus descendientes proced�an de la hidalgu�a, capa social noble pero de escasos recursos. En ese sentido, cabe destacar que los nuevos se�ores llegaban al Archipi�lago ansiosos por conseguir la fortuna y el prestigio que en sus lugares de origen no ten�an, de manera que hac�an lo necesario para alcanzar dicho �xito. Es por ello que el proceso colonizador respond�a a una mentalidad se�orial, nada respetuosa con los pueblos paganos y destructiva con los modos de vida de las sociedades abor�genes. Conquistar un territorio venciendo a los ind�genas significa oportunidades socioecon�micas. Esto ocurri� en Canarias y posteriormente en Am�rica. En todo caso, los conquistadores, los colonos y guanches supervivientes crearon las bases de esta nueva sociedad insular.

Isabel la Cat�lica, junto con su marido Fernando el Cat�lico, fueron los impulsores de la conquista de Tenerife.

Ello tambi�n trajo consigo una situaci�n sumamente desfavorable para la poblaci�n aborigen, tal y como afirma Antonio Rumeu de Armas sobre La pol�tica indigenista de Isabel la Cat�lica, de cuyo texto se pueden extraer las siguientes ideas: �los abusos y tropel�as que se cometieron contra los ind�genas de las Islas Canarias fueron infinitos en n�mero y crueldad, a espaldas de la acci�n tutelar de la Corona y violando las r�gidas normas de conducta decretadas por los Reyes Cat�licos para estimular la convivencia y alentar la conversi�n.”

En este aspecto concreto, Alonso Fern�ndez de Lugo, conquistador de La Palma y Tenerife, y futuro Adelantado de la Ciudad de La laguna dejar�n sus nombres marcados para siempre con letras rojas en el libro de la historia. De hecho, una vez finalizada la conquista de Tenerife, Alonso de Lugo se muestra como una persona desleal, ingrata y amigo del enga�o. As�, una vez establecido el dominio en Tenerife lleva a cabo reiterados atentados contra la libertad de los guanches �de paces�, conserv�ndose denuncias que hablan de m�s de mil cautivos pertenecientes a estos reinos, incluyendo reyes guanches.

La Laguna en la historia

La Laguna aparece en la historia desde fecha temprana, ya que fue en la actual ubicación de la ciudad donde tuvo lugar la conocida como Batalla de Aguere. El grueso de la tropa castellana se enfrentó contra los aborígenes de los bandos guerreros del norte de la Isla. Por tal motivo se erigen la Cruz de Piedra y la ermita de San Cristóbal en el lugar donde más cruenta fue la batalla que acabó con la vida del Mencey Bencomo o de su hermano Tinguaro (la historia no ha podido corroborarlo, aunque siempre han mantenido los historiadores que fue el segundo) y por sucederse ésta en el día de San Cristóbal, de cuyo santo tomó nombre la ciudad.

El 26 de Junio de 1497 se funda la población de San Cristóbal de La Laguna. Imagen antigua de la zona de La Concepción. (FEDAC-Cabildo de Gran Canaria)

En julio de 1496, las tropas del Adelantado Alonso Fernández de Lugo vencieron a la última resistencia guanche en El Realejo, al norte de la Isla. Es a partir de ese momento cuando se da por finalizada la conquista de Tenerife, la cual fue incorporada a la Corona de Castilla. Si bien es cierto, que posteriormente a la batalla, y debido a la presencsia de guanches alzados, tuvo lugar una "segunda reconquista" en 1499.

En cualquier caso, una vez derrotados los guanches (otros se mezclaron con la nueva poblaci�n), los castellanos vieron la obvia necesidad de designar una capital que fuera la ciudad principal de toda la Isla, por lo que en 1497 se funda en la zona conocida como Aguere la población de San Cristóbal de La Laguna. Desde el 26 de junio de ese año consta ya documentalmente el nombre de Villa de San Cristóbal.

Su localización lejos de la costa, su condición de zona de paso de una vertiente a otra de la Isla y, especialmente, su clima y suelo fértil que facilitaba las prácticas agrícolas y ganaderas, fueron los principales factores que llevaron a su designación como capital. Los barrancos y la abundancia de agua en sus inmediaciones también se erigieron en motivo para ello.

El desarrollo de la ciudad

De esta manera, la historia de la ciudad de La Laguna merece una mención especial, ya que es a partir de ella por donde se expande todo el municipio. Así pues, el primer asentamiento, integrado por casas pajizas, se realizó en torno a la actual Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción, configurándose la denominada ‘Villa de Arriba’. Años más tarde, hacia 1500, se prohíbe construir en esta zona, y el Cabildo acuerda trazar un plano de ensanche en dirección sur, hacia lo que sería la ‘Villa de Abajo’, estableciendo una cuadrícula (plano en damero), de calles ordenadas según la planimetría que imperaba en la Europa renacentista en ese momento. De este modo, el casco histórico de la ciudad quedó configurado definitivamente a finales del siglo XVI, tal y como se observa en el primer plano que se conserva de la ciudad, realizado en 1588 por el ingeniero italiano Leonardo Torriani.

En la conocida como ‘Villa de Arriba’ comienza el primer asentamiento de lo que más tarde sería la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. (FEDAC-Cabildo de Gran Canaria).

Hasta hace pocos a�os, todos los investigadores coincid�an en se�alar que no hab�a ninguna ciudad en Canarias que poseyera un proyecto urban�stico previo. Sin embargo, la profesora Mar�a Isabel Navarro Segura, tras a�os de investigaci�n, demostr� que el Adelantado Fern�ndez de Lugo, fundador de La Laguna, sigui� un plan milim�trico para esta ciudad. En efecto, la ciudad ideal de Plat�n y el nuevo humanismo del Renacimiento, tuvieron su primera gran exposici�n en la vega lagunera. La ciudad se orden� desde un centro del que part�an 8 radios o salidas en un per�metro circular hasta ahora invisible, en una disposici�n de 30� cada una de ellas. Capillas exteriores (los dioses protectores de Plat�n), situadas tambi�n en otra circunferencia mayor, velaban por la ciudad.

Una de las misteriosas calles de La Laguna, durante la noche. (FC)

Por medio de este plan el Adelantado quer�a marcar sus directrices, establecer el orden pol�tico y asegurar una buena convivencia. A pesar de que tiene grandes similitudes, La Laguna no sigue estrictamente un trazado a cordel o damero, como se pensaba hasta ahora. Sus calles son elementos aut�nomos por s� mismos que se organizan en diferentes direcciones de la trama urbana. Y fue la existencia de este trazado la que le vali� el t�tulo de ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.

La Laguna, ciudad colonial. Siglo XVI

Una vez se funda la ciudad de La Laguna en 1496, se establece como villa capitalina de Tenerife. En un principio, el proceso de poblamiento fue lento, ya que el descubrimiento de Am�rica contrarrest� la llegada de nuevos colonos a la isla; por ello los gobernadores o cabildos ofrec�an incentivos a los posibles colonos, como el reparto de tierras a los que ven�an acompa�ados de sus mujeres. De igual manera, aqu�llos que ya estaban asentados en las islas buscaban esposas entre la poblaci�n isle�a. As� pues, los grupos predominantes de los primeros pobladores estaban formados por castellanos, andaluces, gallegos y, particularmente, por portugueses, que, seg�n opiniones autorizadas, fueron tan numerosos como los anteriores en las islas de La Palma y Tenerife.

Otro grupo estaba formado por los abor�genes isle�os ocupados en el pastoreo del ganado. En Tenerife y en especialmente en La Laguna, muchos de estos ind�genas viv�an en el monte apartados de los poblados, raz�n por la que eran perseguidos y castigados. Se les consideraba �alzados�. Tambi�n en La Laguna se asentaron importantes contingentes de canarios y gomeros, llegados en la campa�a conquistadora del Adelantado.

Por otro lado, de acuerdo con Manuel Lobo Cabrera, la estructura social en estos primeros a�os de la historia de la ciudad, estaba dividida en tres clases bien diferenciadas. La clase dominante o privilegiada (a la que pertenec�an los conquistadores) y que con el tiempo, dar� lugar a una clase terrateniente que se autodenominar� nobleza isle�a. Luego se encontraba la clase dominada, con iguales derechos y obligaciones, pero con menor poder econ�mico. Y por �ltimo la clase marginada compuesta por aquellas personas no cat�licas (principalmente jud�os, moriscos y abor�genes).

De igual manera, el clero formaba parte de la clase dominante en toda la isla, pero especialmente en La Laguna, ciudad y municipio con una gran tradici�n religiosa. La iglesia se encargaba de mantener la estructura social, teniendo un papel importante en la vida econ�mica y pol�tica de las Islas, representado por el obispado de la di�cesis de Canarias. �

Por �ltimo, es preciso mencionar el papel que ten�an los Capitanes Generales, los cuales eran un importante rango militar que estaba al cargo de la defensa de las islas, teniendo un ej�rcito a su cargo. Los capitanes generales surgen como Instituci�n a finales del siglo XVI, en 1589, por establecimiento de Felipe II. En ese a�o se asienta en La Laguna, Luis de las Cuevas y Benavidades, primer capit�n general de Canarias.

No obstante, anteriormente, en los primeros a�os de crecimiento de la ciudad, la reina Do�a Juana La Loca concede por Real C�dula de 23 de marzo del a�o 1510 el escudo de armas de la ciudad, represent�ndose al Arc�ngel San Miguel dominando una pe�a que simula el Teide. M�s adelante,� el 20 de enero de 1531, Carlos I, por real c�dula, le otorga a San Crist�bal de La Laguna el t�tulo de ciudad.

La ciudad de Aguere poco a poco se convierte en el centro del poder pol�tico y religioso de toda la Isla. Se establece aqu� el primer Cabildo de Tenerife,  reunido en un principio en la Iglesia de Nuestra Se�ora de La Concepci�n, con posterioridad en la Ermita de San Miguel y desde 1547 en las Casas Consistoriales. A ello hay que a�adir construcci�n de numerosos edificios religiosos (ermitas, cruces, calvarios, capillas, iglesias y conventos).

�Qu� eran los Cabildos?

Los Cabildos tienen antecedentes medievales como casi todas las instituciones. Ideas y comportamientos medievales son trasvasados a Canarias en estos primeros a�os de colonizaci�n, a pesar de que el esp�ritu renacentista hab�a ya penetrado en la Espa�a de los Reyes Cat�licos. El origen se remonta a la �poca de la Reconquista cuando, ante la necesidad de fundar nuevas poblaciones en tierras recuperadas a los musulmanes, los colonos se reun�an en asambleas abiertas con el fin de tomar las imprescindibles medidas que aseguraran la supervivencia del grupo. Con el tiempo estas asambleas se fueron restringiendo a los individuos m�s representativos del pueblo, por su condici�n social de noble o fuerza econ�mica, perdiendo el car�cter popular que tuvieron en principio.

Los cabildos en las Islas se crearon con la misma finalidad que en la Espa�a de la Reconquista, esto es, asegurar el mantenimiento de los conquistadores y colonos en cada isla y acordar e imponer una serie de leyes o normas, contenidas en los �fueros� y ordenanzas. �

Cada isla ten�a que ser gobernada y administrada por su cabildo respectivo, por tanto su jurisdicci�n abarcaba toda la superficie insular. Este car�cter insular, unido a la lejan�a de la Corte real, obligaba a actuar con una gran autonom�a, que se ve�a frecuentemente entorpecida por los abusos de las Autoridades Capitulares.

A veces las quejas llegaban a o�dos de la Corona y enviaban un pesquisidor o un juez de residencia para investigar las conductas de los gobernadores o corregidores del cabildo, de manera que podr�an evaluar las funciones que estaban desempe�ando.

La casa del Corregidor, en la calle Carrera, una de las v�as hist�ricas de la ciudad. (DL)

La Laguna en el siglo XVII

El siglo XVII comienza en La Laguna como finalizaba la anterior centuria: siendo la capital de la isla y agrupando a la mayor parte de la poblaci�n de la misma. Los principales cargos pol�ticos y p�blicos se encontraban en ella (Adelantado, Capitan�a general), as� como los principales hombres de negocios o burgueses.

Asimismo, a principios de este siglo, llegan a las islas, y por tanto al municipio, �familias de jud�os, al conced�rseles en Portugal la libertad de emigrar, mientras contin�an import�ndose esclavos negros para los trabajos agr�colas. En la isla se dan lugar �emigraciones forzosas a Am�rica �pero que no afectan demasiado a Tenerife y a La Laguna C, que siempre present� un ritmo regular de crecimiento. Al fin y al cabo, la emigraci�n regula la poblaci�n interna (en relaci�n con los recursos existentes), sin implicar de por s� una disminuci�n poblacional. A nivel general, la poblaci�n total absoluta en 1688 se aproxima a los 105.375 habitantes y la isla m�s poblada era Tenerife, con la Laguna.

Cabe destacar tambi�n como se organizaba la sociedad lagunera durante el siglo, la cual mostraba varias capas jer�rquicas bien diferenciadas: una nobleza o aristocracia terrateniente, detentadora a su vez de los cargos civiles (regidores) y militares; equiparado al estamento anterior estar�a el clero rico, de gran importancia en la ciudad. Luego vendr�an, por orden de importancia social, la incipiente burgues�a, algunos de cuyos miembros, al calor del comercio de vinos, tratan de �dorar sus riquezas� con la adquisici�n de t�tulos nobiliarios, para equipararse a la nobleza isle�a, y los peque�os artesanos y campesinos. El �ltimo pelda�o de la escala social, despu�s de los peones, estaba ocupado por los esclavos.

Por otra parte, es preciso destacar el papel cultural de la ciudad, en la medida que se encontraban las personas m�s formadas de la isla. Buena culpa de ello la ten�a tambi�n la presencia de un Centro de Ense�anza, uno de los tres que ten�a el archipi�lago a lo largo del siglo, adem�s del presente en las islas de Gran Canaria y La Palma.

No obstante, los a�os de esplendor que vive la ciudad se ven en buena medida afectados por la erupci�n del Volc�n de Garachico en 1706, que arras� el puerto de esta villa norte�a. Este hecho trunca las florecientes econom�as de los pueblos de la zona norte (el propio Garachico, La Orotava o Icod de Los Vinos), y provoca que el puerto Santa Cruz, hasta entonces un barrio pesquero del municipio, asuma las funciones comerciales, por lo que poco a poco, en este antiguo n�cleo pesquero, se ir� consolidando una importante trama urbana. El apogeo del puerto chicharrero va a llevar aparejado el �xodo de los centros econ�micos, administrativos y sociales desde La Laguna hacia Santa Cruz. �Esto tambi�n vendr�a motivado cuando en el a�o 1723 tiene lugar traslado de la Capitan�a general desde el centro de la ciudad hacia Santa Cruz, en donde se establecer�a el nuevo capit�n Lorenzo de Villavicencio y Villavicencio.

A medida que avanza el siglo y con ello la situaci�n de crisis econ�mica y pol�tica, la ciudad comenzar�a a experimentar un empobrecimiento de su importancia, que dar�a lugar a estancamiento o incluso un declive demogr�fico provocado, entre otras razones como epidemias de hambre, por el �xodo de personas hacia Am�rica u otros lugares de la isla. En ese sentido, La Laguna pasa de registrar 8.768 individuos en 1768 a 7.475 personas en 1787 (Fuente: ISTAC).

La Laguna, ciudad cultural

A pesar de la notoriedad de Santa Cruz en detrimento de La Laguna, la ciudad de Aguere va a conservar su estatus de ser centro de los movimientos intelectuales de Canarias. La Laguna es conocida como la ciudad de las tertulias de poetas, escritores y artistas que, bajo el macenazgo de las más notables familias (Nava y Grimón, Saviñón, Román, etc.), discuten sobre las corrientes artísticas y políticas europeas que van arribando al Archipiélago.

En el Palacio de Nava, propiedad del Marqués de Villanueva del Prado, tenían lugar las tertulias de los intelectuales de la época.  

Quizás, la más famosa fue la conocida como Tertulia de Nava, la cual reunió a lo más florido de la Ilustración, teniendo como figura central a la persona del Marqués de Villanueva del Prado, Tomás de Nava y Grimón. Esta tertulia rezumaba un espíritu liberal y reformista y sus componentes eran conocidos por los «Caballeritos» de La Laguna. A ellos se debe la creación de las Reales Sociedades Económicas del País (1776), los primeros periódicos insulares, la creación de la Universidad Agustina, el fomento de cultivos nuevos, la creación de escuelas, etc. Se discutía y se promovía la ciencia, el progreso y la libertad de pensamiento; en su casa-palacio se reunía lo más inquieto de la nobleza isleña (Cristóbal del Hoyo, Juan Antonio Franchy, Pacheco Solís, Viera y Clavijo, Lope Antonio de la Guerra, etc.).

Gracias al empeño de intelectuales y a las órdenes religiosas establecidas en la ciudad desde su fundación, en 1744 La Laguna se convierte en ciudad universitaria. La creación de la Universidad Agustina permitió a los estudiantes del convento de San Agustín realizar sus estudios en Arte, Filosofía y Teología, independientemente de si pertenecían o no a la orden de los agustinos. Pero la andadura de estos primeros estudios universitarios se vieron truncados en 1747.

No es hasta 1816, cuando se pone de nuevo en marcha la universidad lagunera bajo la denominación de Universidad de San Fernando, por el ser el rey Fernando VII quien impulsó el establecimiento de ésta. La nueva etapa universitaria dura hasta 1830, cuando la universidad es cerrada por ser considerada foco de liberalismo.  En 1844, el viejo convento agustino de la calle San Agustín, sede de los primeros estudios universitarios, es convertido en el Instituto Provincial de Canarias. Sus aulas acogieron a personajes canarios tan ilustres como Óscar Domínguez, Benito Pérez Galdós, Blas Cabrera y Felipe, o Juan Negrín.

En 1927, tras numerosas peticiones por parte de los responsables del Instituto de Canarias, se crea por Real Decreto la actual Universidad de La Laguna, con la instalación de las facultades de Derecho y Ciencias Químicas, además del curso preparatorio de Filosofía y Letras.

Al esplendor que ha supuesto para la ciudad la creación y consolidación, durante ya más de doscientos años, de los estudios universitarios, hay que sumarle la instalación, en 1818, del Obispado de Tenerife, gracias a la tradición religiosa de la ciudad desde su fundación. La creación del obispado trago como consecuencia que la Parroquia de Los Remedios (segunda iglesia de la ciudad) fuera elevada a la al rango de Iglesia Catedral.

Por todo ello, la ciudad de Aguere es reconocida como la capital cultural del Archipiélago, reforzada por el hecho de que su conjunto histórico haya sido declarado en 1999 como Bien Cultural Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO.

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